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No queremos crecer

31-10-2018 - Jordi Iñesta | @inesta23

No queremos crecer

| Bitácora | Filosofía |

Nota: Este es el cuarto artículo de una serie de cinco. Revisa el artículo anterior Factores que Inhiben a la Industria, o salta al primer artículo de la serie El camino para que nuestras industria despegue

Ideas como “la pobreza es buena” están enclavadas en nuestra matriz cultural que heredó mucho del catolicismo. El evangelio lo dice: “más fácil pasa un camello por el ojo de una aguja…”. Esta idea lleva a prejuicios tan injustos como “todos los ricos son corruptos”. Es como si tener dinero fuera una anomalía de la sociedad: “Si es rico, seguramente es porque es corrupto, o explota a otros, o se aprovechó de alguien”, afirman algunos radicales.

Ideas como esta, arraigadas en nuestra cultura, inhiben el desarrollo de nuestra industria. Y de hecho de cualquier industria. Por eso, aunque suenen una obviedad, es necesario aclarar, por ejemplo, que:

  • El trabajo no es un castigo divino. Es lo que nos permite subsistir y transformar el mundo… y trabajar en lo que te gusta es además un gozo.
  • Cobrar por un trabajo (o un taller o un festival) no es malo, al contrario: es lo que nos permite subsistir y seguir trabajando (y en nuestra industria: creando).
  • Tener dinero es mejor que no tenerlo, aquí y en China. Y tener mucho es mejor que tener poco.
  • No todos los ricos lo son por haber robado o haber explotado a los otros. Hay muchos que han ganado su riqueza trabajado honestamente.

Hace tres años, criticando un libro en aquel entonces recién editado, la investigadora y analista mexicana Sara Sercovich publicó en El Universal (donde es columnista) una serie de artículos sobre los sistemas culturales que favorecen el desarrollo frente a los sistemas que llama “resistentes” -basándose, según ella misma cita en su primer artículo, en muchos autores, desde Max Weber hasta Margaret Mead.

Aunque habla en términos generales de todo el sistema cultural, es un esquema útil para analizarnos en función de la industria, y por ello esquematizamos a continuación el recuento temático comparativo que Sercovich hace en su segundo artículo de la serie. Cabe aclarar que en varios casos explicamos con nuestras propias palabras su esquema inicial.

Factores

Una vez más: aunque para esta tabla nos basamos en el artículo de Sercovich, muchos de los asuntos los interpretamos libremente -y quizá estiramos demasiado la liga. Si quieres ver el artículo original entra aquí).

Ahora bien, aterrizando esta reflexión a nuestra la industria, podría decirse que desde una cultura resistente la manera de lograr el desarrollo es subsidiando a los más pobres que “no tienen las condiciones para producir”, pues se piensa que si el desarrollo no se ha dado, es porque no hay igualdad de oportunidades en la sociedad. Y se hacen transferencias millonarias (por ejemplo, dar tabletas a millones de niños), porque suponen que ello hará manar de modo natural el talento. Cuando no sucede, se buscan nuevos subsidios o maneras equivalentes de seguir “emparejando el piso”.

En cambio, las culturas catalogadas como “favorecedoras del desarrollo” apuestan por otro tipo de acciones: profesionalizar el sector, por ejemplo, o capacitar a más personas en los estándares internacionales para que compitan con jóvenes de todo el mundo, o estudiar y entender las dinámicas del mercado internacional para crear incentivos que permitan a los emprendedores (así les llaman) intentar entrar en él. Al final de este artículo hacemos también una crítica de esta visión, pero antes otro ejemplo para ilustrar cómo impacta la matriz cultural en el desarrollo de la industria:

En las sociedades resistentes se apuesta a grandes proyectos: Un gran “media park” con tecnología de punta. Obviamente quienes no saben de la industria se deslumbran cuando les presentan esos grandes proyectos (que absorben millones sin producir ninguna propiedad), y desprecian en cambio los pequeños avances, como puede ser la firma de una opción por una propiedad mexicana. En cambio, para la cultura que “favorece el desarrollo” son los pequeños logros cotidianos donde se construye el progreso, y por eso valoran más un contrato de servicios que permita una relación con un estudio extranjero.

Desde el punto de vista de un estudio, la cultura resistente buscaría un gran proyecto que justificara la brega (como esa gran película de 140 minutos, o ese videojuego con las mejores gráficas, música, cinemáticos y una historia de 214 niveles), despreciando proyectos sencillos como maquilar la animación de una serie de otro, o desarrollar un sencillo juego casual que, en cambio, pueden pagar las cuentas y mantener al estudio existiendo.

Es importante aclarar que la misma Sercovich alerta en un artículo previo sobre no intentar explicar la condición de una sociedad con base en un solo paradigma como el culturalista -y menciona un cuerpo teórico denominado Teoría de la Dependencia, que se opone precisamente a los modelos culturalistas.

Además, nosotros agregamos que los modelos que supuestamente favorecen el desarrollo, no sólo no apuestan por emparejar el piso, sino al contrario: al apoyar sólo a los mejores, las brechas sociales siguen abriéndose aún en el escenario de que nadie es corrupto y los poderosos no son gandallas.

Quienes creen en los modelos culturales desarrollistas postulan que, si bien la desigualdad permanece, en cambio al haber más industria hasta los más desfavorecidos tendrán más oportunidades. Pero la realidad es que esto no ha sucedido. Y basta pensar en que el poderoso de modo natural aspira a conservar y mejorar su condición, (y no está pensando cómo beneficiar a otros), para entender que este esquema tampoco va a llevar al desarrollo de toda la sociedad.

De cualquier manera, nosotros consideramos que la matriz cultural predominante en nuestro país es resistente y sí inhibe el desarrollo de la industria, pero en cambio rescatamos de esa matriz valores como la solidaridad y la cooperación, porque creemos que tienen un valor económico que incide en el crecimiento (y que las matrices que supuestamente favorecen el desarrollo no reconocen). De ello hablamos ya un poco en el artículo Economía de la Generosidad en otra serie de artículos que intenta explicar Pixelatl.

En todo caso, aunque creemos que es importante cuestionar nuestra matriz cultural (para superar barreras mentales), también pensamos que los factores culturales no son los únicos para explicar por qué la industria creativa no termina de despegar en México. Ya hablamos antes de factores sistémicos, en el siguiente artículo de la serie retomaremos lo que llamamos "factores de mercado".


Nota: Este es el cuarto artículo de una serie de cinco.
* Salta al artículo siguiente de la serie Cambiar el mercado
* Revisa el artículo anterior Factores que inhiben a la industria
* Salta al primer artículo El camino para que nuestra industria despegue


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